2 ene. 2013

23

Recuerdo que con 16 años quería ser mayor de edad, en casa siempre discutía sobre política o temas científicos, devoraba la prensa y los libros, pero al ser la pequeña de mis hermanos nunca tenía razón. Al llegar a los 20, en un abrir y cerrar de ojos, ni siquiera necesitaba demostrar a los demás toda la información que mi cerebro absorvía; sin embargo, una parte de mí sigue intentado hacer comprender a papá y a mamá qué sucede en el mundo, ellos no pueden ver a veces que las cosas cambian más rápido de lo que creen. Siempre me he sentido agradecida por todas las personas que están cerca de mí, no me ha faltado nada. He aprendido a caer y levantarme, a preocuparme menos por las cosas que carecen de importancia y a controlar los problemas buscando la solución. La madurez llega cuando empiezas a preocuparte, cuando la forma de sentir se vuelve racional. He disfrutado de varios tipos de amor hasta llegar al más sincero, al que no entiende de vendas en los ojos. He aprendido a amar. He aprendido a decir que no. He cometido mil errores, pero he sabido rectificar y pedir perdón. Millones de situaciones y sentimientos que me han hecho ser quien soy, que han logrado que sea yo misma en todo momento.

He trabajado para mi vocación, en mi orientación y en aportar cosas a los demás; ahora enseño y escucho a los más altos, ayudaré a los demás a ser mejor personas porque una vez me ayudaron todos los que están a mi lado. He trabajado en mi personalidad, en mi mente y seguiré sin parar...

son sólo 23......