11 feb. 2011

Cuando llega el olvido...


Cuantas veces hemos deseado borrar un día, un instante, un momento, hasta un año de nuestras vidas a borrarlo todo y vaciar nuestra memoria.

Cuantas veces no deseamos volver a ser niños, vivir todo de nuevo, recuperar lo que se fue o dejar que el tiempo ponga las cosas en su
lugar.

Algunos simplemente no esperan nada del tiempo.

Da lo mismo regresar o avanzar, simplemente renuncian a que el tiempo continúe su paso y se marchan con lágrimas y un largo adiós. Si deseáramos en algún momento perder completamente la memoria y plegarnos por ejemplo a la frase "comenzar de nuevo" ¿cuántas cosas no perderíamos? serían como aquellas cosas que se extravían accidentalmente en una mudanza y luego se extrañan. Perderíamos el calor del primer beso y la sensación de aquel amanecer que fue perfecto. La nostalgia por amores pasados y la inocencia con la que nos entregamos a lo desconocido esa primera vez.

Quedarían atrás los amigos que iban a ser eternos, las cartas que nos
hicieron llorar, la primera o última vez que vimos a un gran amor, los brazos
mas cálidos, el día que pensamos que se iba a caer el mundo, el dolor más
hermoso, la sonrisa mas esperanzadora, el nacimiento del sentimiento más puro.

¿En realidad comenzamos una vida nueva o matamos otra llena de bellos
recuerdos? Dejamos una vida y un presente que nos da infinitas oportunidades
por soñar con un futuro perfecto que no existe o un pedazo de cielo donde no
sabemos que nos espera.

¿Vale realmente la pena perder la memoria?

1 feb. 2011

Él es ...


Recuerdo que una noche de luna llena alguien preguntó porqué no guardaba mis letras en papel para que siempre estuvieran mis recuerdos bien guardados.
A ello contesté: mis palabras al igual que los sentimientos, se sienten y después vuelan a través del aire.

Hoy sonrío, pero esa bonita sonrisa habrá un momento que se irá con la seriedad del siguiente acto y la próxima sonrisa nunca será la misma que la anterior, pues todo nace y muere, pero las cosas importantes, aquellas que se quedan en lo más profundo son las únicas eternas que el alma retiene.

Hablando de nacer y morir, os dejaré claro que fue él quien lo preguntó, el único hombre que ha marcado mi crecimiento, el guardián de una guardia civil franquista encadenado a obedecer , escritor y pintor a escondidas temiendo una condena .

Él, que nació para aprender a morir, el que antes de irse susurró a mi oído: para mi has sido más que una nieta ejemplar, más que una persona, eres pura inspiración, vosotras mis ganas de vivir.




Aún le quiero tanto, tantísimo y son mis ojos los que hoy miran por él, pero nunca olvidaré aquello que no pude decirle.