30 oct. 2011

Hoy necesito el tiempo para perderlo

El tiempo se puede perder. Miento cuando afirmo esta frase, el tiempo no se pierde cuando tu mente no se concentra en el trabajo o en seguir alimentándose de información: un respiro, utilicemos esa parte del cerebro que dejamos a un lado. Pensar, reflexionar sobre tus acciones, tus sentimientos y encontrar respuestas a todas las preguntas que se han ido acumulando.




Estoy aquí porque me siento bien, sé que es mi lugar, pero quiero seguir buscando otros lugares que me hagan "perder el tiempo",tiempo que se convierte en experiencias y razones.




Estoy aquí porque soy feliz o eso creo por momentos, pero todos tenemos sueños y aspiraciones; si no es así ¿qué sentido tiene seguir luchando? Hay cientos de caminos en la vida, siempre se van cruzando por algo muy especial, porque cuando algo nos pasa deja una pequeña huella que te obliga a "perder el tiempo" en días como hoy. Lo pierdes tumbado en la cama escuchando a Dorian, mirando la luna desde tu ventana mientras te fumas un cigarrillo, con un té a media tarde mientras ves esa película que te hace sonreír. Lo pierdes pero no está perdido, sino aprovechado porque todo nos aporta algo, incluso lo más mísero y doloroso de la vida; seguimos alimentándonos de pequeñas cosas y pasamos de "perder a ganar".

9 oct. 2011

Virus "A" y la Señora de Rojo


La última vez que me crucé con él fue el invierno de 2008, casi tres años sin encontrarlo; pero el número 11 no me da buena suerte y mírame, soy una de sus víctimas este año. Recuerdo que me daba dolor de cabeza escucharle hablar y qué decir de su respiración. A veces tenía calores y se ponía a sudar, otras veces escalofríos. Pero el peor de todos sus síntomas era la plorera y la forma en la que vaciaba los paquetes de pañuelos.

Siempre contaba los días que se había tirado viendo la tele sin poder salir, todo el mundo salía corriendo al verle aparecer, porque notaban un malestar en el cuerpo, así como si incubaras algo durante unos días. Además, esta vez iba acompañado de una señorita de rojo, una mujer borde y estirada (tal para cual). Los dos son seres, por tener vida claro, inaguantables y que producen agonía durante horas. Sin embargo, encontré alguna solución para poder crear un ruido que bajara el volumen de ambos cuando hablaran. Fue fantástico, estar dos día sin ducharme e inyectarles sustancias químicas en la comida.
Parece que va funcionando, voy por el pañuelo número 2350 y las pastillas ya no me dejan tan zombie como el primer día. Todo sea por no escucharlos y que se percaten, así no volverán en un tiempo.


Querido Virus "A" (de agonía) y compañera de rojo, prefiero preocuparme de otras cosas en mi vida, el tiempo es oro y no voy de humano en humano buscando amigos para sacarles de quicio. Si fueran tan amables de irse lejos.