19 oct. 2012

Una sola vez

- Sarah: no recuerdo lo que sentía por ti.

- No es posible que hayamos llegado a este punto - entristeció Helena

- La posibilidad existe y más si hablamos de la mente - afirmó Sarah

- Lo siento, siento que haya llegado el frío hasta la última de tus pestañas, fue culpa del egoísmo, culpa de no aceptar que te tenía - Helena ya derramaba un par de lágrimas.

- La culpabilidad no existe en las cosas abstractas, aunque el "amar" es un órgano activo y con vida propia, tú nunca lo supiste. ¿Sabes? No ha sido el egoísmo ni la desconfianza lo que ha hecho que mi mente se borrara; ha sido que no me agarraras fuerte cuando iba a caer por esa ventana. No estabas cuando te necesité, yo conseguí quererte con tu egoísmo y tus miles de dudas, pero al caer mi cabeza borró lo que sentía porque teme que no vuelvas a estar ahí - dijo Sarah mirando al infinito y con cara inexpresiva.

- ¿Y qué puedo hacer para volver a hacerte sentir?- preguntó Helena en un mar de lágrimas

- Nada, cuando algo se va o cambia es muy difícil que vuelva como antes, las segundas partes no funcionan, el corazón va firmado por todas las personas que entran en él pero cuando a una de esas firmas le sale espinas y sangra la herida, no queda más que una cicatriz que nunca más se abrirá. Pero sí tengo que pedirte una cosa - susurró Sarah emocionada

- Lo que haga falta - asintió Helena dispuesta a todo

- Nunca más le sueltes la mano a quien te ama porque cuando caes sin un arnés de protección el cráneo queda muy dañado y hace desaparecer el sentimiento que el corazón una vez hizo compatible con él; y eso no se recupera. La mente y el corazón son una misma guerra que siempre que acaba en paz, el amor y la tranquilidad inundan tu vida, y eso, eso no se recupera cuando desaparece con el dolor, con la soledad, con el frío... - le dijo Sarah abrazándola con fuerzas.





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